El Museo Thyssen muestra las miradas de ida y vuelta entre Picasso y Coco Chanel

“La moda pasa de moda. El estilo, nunca”, aseguraba Gabrielle Chanel. La frase se podría aplicar tanto a sus trajes, que siguen tan sorprendentemente modernos como cuando los diseñó hace un siglo y liberó de corsés a las mujeres, como a la pintura y la escultura de Pablo Picasso, un genio capaz de crear un nuevo clasicismo y con el que Coco Chanel mantuvo desde que se conocieron en 1917, ambos ya en la treintena y célebres, una larga amistad que, asegura el gran biógrafo John Richardson, incluyó algún escarceo amoroso a principios de los años veinte. Escarceo que no prosperó, reflexionaba, porque ella era demasiado célebre y no lo suficientemente dócil para que durara: “Los dos eran determinados, de carácter fuerte, controladores y dominantes, tal vez demasiado afines”. Luego Olga Khokhlova, primera mujer de Picasso, sería clienta fiel de Chanel.

Y el cubismo picassiano, convertido en espíritu de la época en los años veinte, influiría decididamente en los diseños de Chanel desde sus primeros e innovadores diseños. Jean Cocteau, amigo y colaborador de ambos, aseguró por su carácter rupturista: “Chanel es a la moda lo que Picasso es a la pintura”. Ambos reinaron en sus mundos y crearon un mito que aún pervive. Y el Museo Thyssen de Madrid ha hecho bueno el adagio de Cocteau y, dentro de la conmemoración del 50.º aniversario de la muerte del genio malagueño, abre hasta el 15 de enero la gran muestra Picasso/Chanel , con decenas de cuadros y dibujos de Picasso enfrentados a más de 40 espectaculares trajes de Chanel, mostrando sus miradas y complicidades de ida y vuelta.

Para empezar, trabajaron juntos en dos proyectos artísticos a los que la muestra dedica espacios especiales: la Antígona de Sófocles en el que Cocteau le encargó a Picasso el decorado y a Chanel el vestuario porque “era la más grande couturière de nuestra época y no me imagino a las hijas de Edipo mal vestidas”; y el ballet El tren azul en la Ópera de París, para el que Diaghilev insistió a Picasso que le dejara usar como imagen del telón a sus Dos mujeres corriendo por la playa , que se puede ver en la muestra del Thyssen, y para el que Chanel realizó trajes para los bailarines inspirados en los modelos deportivos que realizaba para sus clientes, siguiendo instrucciones de Cocteau, que quería un vestuario a la última moda nada teatral. De hecho a Picasso ya le habían llamado la atención los atrevidos trajes de baño de Chanel en las playas de Biarritz y los reprodujo en la pequeña pero fascinante obra de 1918 Las ba­ñistas , también en la exposición.

Pero la muestra comisariada por Paula Luengo apunta además, enfrentando cuadros y trajes, una clara influencia del cubismo picassiano en las creaciones de Chanel: el lenguaje geometrizados de líneas rectas y angulosas de las pinturas y esculturas cubistas se refleja en los primeros diseños de Chanel, que triunfan entre las mujeres más liberadas y modernas. Y además la creadora adopta la reducción cromática que practican Braque y Picasso: manifiesta predilección por el blanco, el negro y el beige, colores que encajan a la perfección con los sobrios tonos del temprano cubismo analítico.

Pero además, señala Luengo, igual que Picasso incluye en sus collages materiales y objetos que encuentra en mercadillos con texturas bastas y ásperas, incluidos periódicos y telas, y hasta una camisa sucia, cuerda y clavos, y en la misma línea Chanel elige tejidos humildes como el algodón y el punto de lana –empujada también por la escasez de la guerra– y pieles de conejo, castor o ardilla, menos lujosas que las habituales. “La simplificación y purificación característica de los diseños de Chanel son reflejo del cubismo”, asegura el sociólogo Gilles Lipovetsky.

En ese sentido, su famosísimo perfume, el Chanel nº5, de 1921, resume este acercamiento: Hélène Fulgence, directora de Patrimoine de Chanel, que ha prestado numerosos trajes para la muestra, subraya en la rueda de prensa que es “el primer perfume abstracto, complejo, vibrante, en un frasco muy puro que lleva el número de la muestra de laboratorio que ha elegido, así de sencillo”. Una botella transparente de etiqueta rectangular y minimalista que la muestra enfrenta a las botellas que Picasso representa en unas naturalezas muertas de 1912.

En una muestra con luz notablemente tenue para no dañar ni los vestidos ni los dibujos, uno de los apartados específicos es el dedicado a la bailarina rusa Olga Khokhlova, a cuya boda con Picasso acudió Chanel, quien según Cocteau diseñó el vestido de novia. “Yo sostenía una corona de oro sobre la cabeza de Olga y todos parecíamos representar Boris Godunov. Una ceremonia muy hermosa”, escribió el poeta y dramaturgo. Chanel se convirtió en una de las diseñadoras favoritas, como se registra la muestra en fotos y vídeos. También en los cuadros en los que Picasso la retrata, en algunos de los cuáles se identifica el corte lineal y sencillo de las prendas de Chanel.

Justamente la imagen que presidía la rueda de prensa era poderosa: un retrato de Olga prestado por Bernard Ruiz-Picasso, quien se mostraba ayer “muy emocionado de ver a mi abuela en la pantalla y de celebrar el siglo XX a través de dos figuras importantes e imprescindibles y necesarias en nuestro mundo, especialmente en estos días que vivimos tiempos difíciles en Europa y a nivel mundial hay muchas preguntas”. “Yo estoy un poco obsesionado por la obra de mi abuelo pero no solo”, sonrió, y aseguró que con una exposición “de este nivel podemos aprender mucho. El arte nos permite cambiar ideas y evolucionar”.