Charlotte Gainsbourg: “Salí a buscar a mi madre y, al final, también me buscaba a mí misma”

Charlotte Gainsbourg ha dedicado cuatro años a hacer el retrato más sincero de Jane Birkin, un documental sin la sombra de su padre, el carismático Serge Gainsbourg

Se sienta delante de los periodistas con su rostro sin maquillar y su traje de raya diplomática. Durante los 15 minutos de cada encuentro con la prensa el mundo parece detenerse. Deletrea respuestas con voz ahumada y aparente relax, aunque el ritmo de promoción avanza implacable. Responde al nombre de Charlotte Gainsbourg.

Nació en Londres, en 1971. Actriz y cantante, es hija de dos mitos como Serge Gainsbourg y Jane Birkin, intérprete fetiche de Lars Von Trier, autora de discos tan extraordinarios como Stage whisper o el último, Rest, de 2017, donde tomó las riendas de la escritura para entregar un cóctel de pop electrónico, lustroso, felino y arrogante. Con su pelo oscuro y su rostro andrógino, ejerce sin querer de emblema de la cultura francesa en un tiempo hambriento de mitos. A pesar de su timidez lleva el show business en el torrente sanguíneo. Presenta en Madrid Jane by Charlotte, el documental, mitad indagación confesional mitad carta de amor, que le ha dedicado a su madre. Un metraje recibido con devoción en Cannes, que se estrena este viernes en cines y que se podrá ver en Filmin a partir del 6 de mayo.

En mitad de la producción, que duró cuatro años, la pandemia la encontró en Nueva York, donde residía junto a sus hijos y su marido, el actor Yvan Attal, desde hacía más de un lustro, concretamente desde la muerte de su hermana Kate. «En efecto, viví en Nueva York durante seis gloriosos años. Amaba estar fuera, lejos de mi país, que la gente no me reconociera más que de vez en cuando, por mis películas o por la música. Pero con la llegada del Covid, y tengo que admitirlo, con la llegada de Donald Trump a la presidencia, fue más y más difícil. Para colmo, cuando declaran la pandemia, mis hijas se encontraban conmigo, pero mi hijo estaba con mi marido, en París. En Nueva York el encierro no fue tan estricto, pero fue aterrador».